La hipertensión arterial (HTA) es una de las condiciones crónicas más prevalentes y relevantes en la población adulta mayor, definida habitualmente como personas de 65 años o más. Su importancia radica no solo en su alta prevalencia, que supera el 62
La hipertensión arterial (HTA) es una de las condiciones crónicas más prevalentes y relevantes en la población adulta mayor, definida habitualmente como personas de 65 años o más. Su importancia radica no solo en su alta prevalencia, que supera el 62-701% en este grupo etario, sino también en su impacto directo sobre la morbilidad y mortalidad cardiovascular, así como en la calidad de vida de los pacientes.
En España, la HTA afecta aproximadamente al 68% de los adultos mayores de 65 años, cifras que reflejan una tendencia global al alza debido al envejecimiento poblacional. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2024 existen alrededor de 1.400 millones de adultos hipertensos en el mundo, con una prevalencia global del 33% en adultos entre 30 y 79 años. De estos, dos tercios residen en países de ingresos bajos y medios, lo que añade un componente socioeconómico a la problemática.
Estudios específicos en población geriátrica muestran que la hipertensión sistólica aislada (HSA) es especialmente común, con prevalencias que oscilan entre el 25,9% y el 76,7%, dependiendo del contexto (hospitalario o comunitario). La clasificación por grados de HTA en adultos mayores revela que aproximadamente el 37,3% presenta hipertensión grado 1, el 42,1% grado 2 y un 20,6% grado 3, lo que indica un alto porcentaje de pacientes con presiones arteriales significativamente elevadas.
El envejecimiento vascular es el principal factor fisiopatológico que explica el aumento progresivo de la presión arterial sistólica (PAS) en los adultos mayores. Con la edad, las arterias pierden elasticidad y se vuelven más rígidas, lo que eleva la PAS y, paradójicamente, puede disminuir la presión arterial diastólica (PAD) a partir de los 50-60 años. Este fenómeno da lugar a la hipertensión sistólica aislada, la forma más común de HTA en la geriatría.
La HTA en adultos mayores suele ser asintomática, por lo que se le conoce como la "asesina silenciosa". Sin embargo, su impacto es profundo, ya que incrementa el riesgo de eventos cardiovasculares como infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular (ACV), insuficiencia cardíaca, así como complicaciones neurológicas como la demencia vascular. Además, puede provocar daño en órganos diana como la retina y los riñones.
El diagnóstico de HTA en adultos mayores se basa en la medición repetida de la presión arterial, considerando valores de PAS ≥140 mmHg y/o PAD ≥90 mmHg según las guías clásicas (JNC, ESH). Sin embargo, estudios recientes sugieren que en mayores de 50 años, una PAS ≥130 mmHg ya se asocia con un aumento significativo de morbimortalidad cardiovascular, por lo que se recomienda un umbral más estricto para la detección y manejo.
Un desafío importante es el subdiagnóstico, especialmente de la hipertensión sistólica aislada, que puede pasar desapercibida en más del 55% de los casos. Por ello, la monitorización regular, incluso en pacientes asintomáticos, es fundamental.
El primer paso en el manejo de la HTA en adultos mayores es la implementación de medidas no farmacológicas. Estas incluyen:
Estas intervenciones pueden ser efectivas para disminuir la presión arterial y mejorar la salud cardiovascular general.
Cuando las medidas no farmacológicas no son suficientes o la presión arterial es muy elevada, se debe iniciar tratamiento farmacológico. En adultos mayores, el objetivo es alcanzar una PAS inferior a 120 mmHg, ya que estudios como el SPRINT han demostrado que este control estricto reduce eventos cardiovasculares, mortalidad y también puede proteger la función cognitiva.
Los fármacos de primera línea recomendados incluyen:
Se recomienda evitar el uso de betabloqueadores como monoterapia en hipertensión sistólica aislada, dado que no han demostrado eficacia superior en este contexto.
En España, aunque el 57% de los adultos mayores hipertensos reciben tratamiento, solo un 33% logra un control adecuado de la presión arterial, lo que evidencia la necesidad de mejorar la adherencia y el seguimiento clínico.
La prevención primaria y secundaria de la HTA en adultos mayores debe centrarse en:
El control riguroso de la PAS por debajo de 120 mmHg en mayores de 50 años ha demostrado reducir significativamente eventos cardiovasculares y mortalidad, además de proteger la función cognitiva, lo que es especialmente relevante en geriatría clínica.
A pesar de los avances, persisten desafíos importantes en el manejo de la HTA en adultos mayores:
La integración de un enfoque multidisciplinario, que incluya médicos internistas, geriatras, enfermería y nutricionistas, es clave para mejorar los resultados.
La hipertensión arterial en adultos mayores es una condición altamente prevalente y un factor de riesgo cardiovascular primordial. Su manejo requiere una visión integral que contemple desde la prevención y diagnóstico temprano hasta un tratamiento personalizado y seguimiento continuo. La atención centrada en el paciente, con énfasis en la hipertensión sistólica aislada y el control estricto de la presión arterial sistólica, puede reducir significativamente la carga de enfermedad y mejorar la calidad de vida en esta población vulnerable.
La Dra. Karina Alejandra Rodríguez Quintanilla invita a profesionales de la salud y pacientes a mantenerse informados y comprometidos con el control de la hipertensión para enfrentar juntos este desafío en la geriatría clínica.
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